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Viviana Cornejo y familia


Mucho tiempo vengo pensando cómo dar mi testimonio acerca de mi relación con el seminario de San Rafael. Es que el corazón se me llena de alegría, profundo recogimiento y de pena y nostalgia también, por qué no decirlo. Mi familia, desde que soy adolescente y pese a que somos de la diócesis de Mendoza, ha conocido desde los inicios al Seminario. En los años 80 llega a nuestra parroquia un joven sacerdote que transforma con su palabra y ejemplo de vida a toda la comunidad para siempre. Aquel querido párroco es y será por siempre nuestro padre espiritual, y gracias a él llegamos a conocer el incipiente Seminario Santa María Madre de Dios. De la parroquia nacieron grandes vocaciones y por ello hemos tenido la gracia de asistir a las multitudinarias ordenaciones sacerdotales y diaconales en las que recibían el orden sagrado nuestros amigos padres Osvaldo Cerroni, Eugenio Elías, Mauricio Elías, Alejandro Casado, Horacio Valdivia, Fabián Pezo, David Specchiale, Sergio Tuzzi, surgidos de los grupos parroquiales y que, buscando el mejor lugar para su formación, acudieron a San Rafael por gracia de Dios. Fuimos al Seminario con relativa frecuencia durante varios años. Pudimos compartir momentos imborrables en aquel lugar santo: retiros ignacianos, confesiones, festividades, imposiciones de sotana, primeras misas de los amigos sacerdotes… en fin, todas cosas hermosas y beneficiosas, plenas de cercanía a lo divino.

Por esas cosas de la vida hemos tomado distancia del seminario sin que ello signifique dejar de compartir los ideales y la vida espiritual, añorando aquellos tiempos queridos.

Ahora, ya casada y madre de cinco hijas, veo a la distancia aquellos tiempos y lamento que ellas no hayan podido conocer ese lugar de Dios, todo lo que allí se vive, cómo se respira la gracia por doquier. En este tiempo de pandemia, al tener que buscar misa por internet ya que se nos prohibió hacerlo de modo presencial, nos encontramos con las misas de algunas parroquias de San Rafael. Pudimos comprobar que en la adversidad no todo es malo, ya que al tener que asistir a misa de manera virtual pudimos volver a vivir la belleza de la piedad y sacralidad de la liturgia de la Iglesia. Eso hay que valorarlo muchísimo, porque no siempre se puede tener.

Y justo en este tiempo, donde nos reencontramos con la piedad también nos sorprendemos con la noticia de que la fuente donde se forman y nutren los sacerdotes de la gracia, contemplación y sacralidad, por mandato papal, se cierra misteriosamente. Así nuevamente se pone a prueba nuestra fidelidad a Dios y a su Amada Esposa la Iglesia. “El que obedece no se equivoca” me enseñaron y ruego a Dios que en las duras pruebas que se vienen, nos de la gracia para perseverar. Como dice mi padre espiritual “nos queda rezar, ofrecer y… llorar”.

Doy gracias al Señor de haber conocido lo que muchos no pudieron: un excelente seminario, forjador de sacerdotes ejemplares, semillero de santidad, fuente de gracia para la Iglesia de Dios. Que el mundo sepa que lo que se cierra es algo grande que influyó de manera determinante en nuestras vidas. Que el mundo sepa que sin sacerdotes no hay sacramentos. Que el mundo sepa que el sacerdote es irreemplazable y que sin seminario no hay sacerdotes. Santa María, Madre de Dios, ruega por tus hijos que acudimos a vos. Viviana Cornejo y familia


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