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Verónica Ascoetti


Cómo no expresar testimonio sobre nuestro seminario, nuestros seminaristas, nuestros sacerdotes.. Cómo no dar gracias a Dios por tanto que se nos ha dado.

Mi nombre es Verónica Ascoetti, de General Alvear Mendoza. Quiero agradecer tantas gracias recibidas en mi vida y mi familia.

De pequeña mi madre nos llevaba a misa y allí siempre los sacerdotes nos invitaban a formar parte de algunos de los grupos que se estaban iniciando. Comencé como aspirante de Acción Católica a los 5 años, luego hice la catequesis, la confirmación y tuve la gracia de poder dirigirme espiritualmente durante mi adolescencia y juventud. Recuerdo muchas noches de fogones en familia, donde los sacerdotes y seminaristas participaban junto a nosotros compartiendo la alegría de estar en comunidad, campamentos en donde no faltaba la Alegría y mucho menos la Oración y la Eucaristía y siempre los sacerdotes y seminaristas asistiendo las necesidades espirituales.

Pude participar en congresos de formación para jóvenes, asistir a grupos de formación y acción mientras realizaba mis estudios superiores. Peregrinaciones, viajes, asambleas de Acción Católica, viacrucis viviente por las calles de nuestra ciudad, obras de teatro para vivirlas en familia, procesiones y siempre la posibilidad de recuperar la Gracia a través del sacramento de confesión.

Varias misiones de evangelización realizamos bajo su acompañamiento y realmente muchos de los frutos de esas misiones los hemos podido vivenciar.

Los fines de semana dedicados además para el acompañamiento a los grupos de la parroquia, y siempre asistencia a los enfermos, a los ancianos, a las familias.

He podido ver florecer varias vocaciones entre mis amigos y compañeros de grupo, guiados todos por los sacerdotes y ya hoy ordenados y a través de uno de ellos recibir el sacramento del matrimonio.

Varios de mis seres queridos que hoy han partido a la casa del Padre fueron asistidos en sus últimos momentos por los sacerdotes de la diócesis y nuestra familia acompañada tras las pérdidas sufridas.

Aprender de liturgia, del Amor exclusivo que Dios nos tiene, de la belleza de llevar a Dios a otros con las misiones, con el mes de María llevando a nuestra Madre a visitar los hogares y rezar en familia, el mes del Sagrado Corazón, la visita a los geriátricos y hospitales acompañando con una oración y presencia a quienes están mucho tiempo en soledad o sufriendo. Todo lo hemos aprendido en nuestras parroquias y capillas, a través de los sacerdotes del Seminario Diocesano “Santa María Madre de Dios”. Siempre ocupados en las cosas del Padre.

El 8 de diciembre, la gran fiesta a nuestra Madre, donde toda nuestra ciudad se convoca para homenajearla. Allí también, los sacerdotes y seminaristas están presentes y engalanan la fiesta volviendo a tantos laicos a la Gracia a través de la confesión.

Nunca le sería a uno posible devolver a Dios tantas gracias recibidas a través de los sacerdotes formados en el Seminario de nuestra diócesis, el sacramento del matrimonio, el bautismo de mis hijos y sobrinos, la posibilidad de formación en colegios católicos para nuestros hijos y un gran etc.

¿Cómo no agradecer? ¿Cómo no pedir al Obispo que escuche a los laicos? ¿Cómo no rogar con insistencia a Santa María Madre de Dios que interceda para que el seminario no cierre las puertas? ¿Cómo no pedir que las familias sigan teniendo la presencia de Dios a través de los sacerdotes de la diócesis?.


Ascoetti Verónica Alejandra


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