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María Lucía Botta Olaciregui


Mi querido Papa Francisco:

Espero se encuentre muy bien, lleno de salud y del Espíritu Santo. Antes que nada quería agradecerle como hija suya su servicio y ministerio para con la Iglesia. Me presento, soy Lucía Botta, de Bella Vista, Buenos Aires, Argentina. Tengo ahora 27 años, me dediqué al Turismo Rural y a pintar sobre porcelana. Gracias a Dios nací en una familia católica, recibí la fe desde muy chiquita, y a lo largo de mi vida Dios me regaló deseos de alimentar mi fe, de amar a Cristo y a su Iglesia y de ser misionera donde me toque.

Le escribo porque me mueve mucho la situación del cierre del seminario de San Rafael, Mendoza. Quiero, desde mi humilde lugar, hacerle llegar unas palabras para dar mi testimonio sobre los maravillosos frutos de este querido seminario. Le nombraré a 2 sacerdotes ordenados allí, que tanto han influido para bien en mi vida, mi fe y mi persona. Ellos son mis queridísimos Padre Ramón Saso y Padre Ramiro Sáenz.

Gracias al primero he podido vivir 8 misiones. Las misiones fueron unas de las flores con mayores perfumes en mi vida. No sé realmente cómo explicarlo. Las misiones fueron como un pedacito de Cielo en la Tierra. Me forjaron como cristiana desde los 15 años (la primera) y me llenaron de convicción y de amor a Jesús a lo largo de mi adolescencia y juventud.

Cada misión es diferente a la otra, cada una con su lema providencial, con Adoración Eucarística matutina diaria, con Misión de Niños y de Jóvenes, charlitas de formación sobre diversos temas de fe y santos para enriquecerse antes de salir a las calles; con juegos, Rosario y Santa Misa diarios. Usted podrá imaginarse el ambiente, me animo a decir "celestial", que se genera allí con la combinación de estas cosas tan santas, tan humanas y divinas a la vez, mi querido Francisco. Cada persona que alguna vez asistió a ellas con el corazón abierto y generoso, lo percibió.

Las misiones….podría describirlas como una siembra de labor apostólica y misionera en el pueblo. ¡Tantos hogares a dónde llega Jesús, dónde llega la alegría y la esperanza nuevamente! ¡Donde se renuevan o inician los sacramentos y la vida de fe! ¿Qué más podemos desear para nuestra querida Iglesia? ¡Esa expansión prodigiosa del Reino de Dios que produce el Espíritu Santo en cada Misión es emocionante!

Y por otro lado, está el alma del misionero. Que vuelve a su casa, a su estudio, a su familia, a su trabajo, a su empresa, en fin: vuelve al mundo. Pero sin ser del Mundo, vuelve con un fuego ardiente en el interior: el deseo enorme de ser santo, de hacer santos a otros, de llevar a Jesús a todos lados, de arrasar con el ejemplo y la buena palabra a otras almas compañeras de la vida, del trabajo alegre y generoso hacia Dios… ¡y hacia la Iglesia!

Le cuento Padre Francisco, que las misiones organizadas por el padre Ramón despertaron en mí un amor a Jesús y al prójimo, un amor a la Iglesia y a la vida de piedad y de formación cristiana tan grande que nadie y nada me pudo sacar. Y cada una de ellas era un volver a fortalecerme.

Con mis ya 27 años puedo decir que los momentos de mayor felicidad y satisfacción, además del día de mi confirmación, fueron en la misión. Uno se vuelve más liviano, se va "dejando todo" y se producen esos momentos clímax en los que uno dice para sí: " Estoy agotada, pero estoy verdadera e inmensamente feliz." Ojalá se pudiera "vivir de misión": ojalá se pudiera vivir ese ambiente y espíritu en todo el mundo, en toda la Iglesia. Ese espíritu propio del cristiano, de entrega, de unidad, de amor a Dios y al prójimo.

Por último, no puedo dejar de mencionar que en mi anteúltima misión ( Enero 2017) conocí a mi futuro marido, Henry de Geofroy, con el cual estaremos recibiendo el sacramento del matrimonio en Noviembre de este año 2020, si es la voluntad de Dios. Le ruego oración por nuestro matrimonio, ya que en medio de esta situación tan difícil que vivimos en Argentina, al imponernos una inexplicada cuarentena más larga del mundo, mi novio que es francés no logró ingresar y no pudimos aún casarnos. ¿Tendré que viajar yo a Francia para esposarme con Henry de Geofroy, luego de 11 meses de distancia? Puede que Dios lo quiera así. Sería difícil casarme lejos de mi familia, sin mi familia ni seres queridos, pero si debe ser así, así será.

Finalmente, ya termino, el otro sacerdote que quiero destacar es el Padre Ramiro Sáenz . Mi familia de 6 hermanos y tantas amigas y primos nos vimos instruidos por sus libros sobre noviazgo cristiano, noviazgo santo, recalcando que es un camino para 3, la pareja cristiana con Dios. Usted comprenderá su importancia, frente al bombardeo de tantos falsos amores que nos presenta el Mundo.

Estos libros realmente han sido de gran valor e instrucción para mí. Me han dado gran coraje por apostar a vivir un amor verdadero y puro. Reafirman la convicción de que es posible vivir la castidad tanto en el noviazgo como en el matrimonio. Células fuertes son las familias cristianas que se van formando sobre roca, para esta sociedad que tan en quiebre está. Y queremos y debemos sostenernos unas a otras.

Podría concluir con una breve frase, llena de cariño, que resuma la intención y petición de esta carta: Necesitamos en Argentina sacerdotes como los que forma el seminario de San Rafael, mi querido Papa Francisco, no cierre el seminario, por favor.

Seguramente podrá encontrar una opción más superadora para resolver el problema que haya habido. Con todo el corazón,

Lo saluda muy afectuosamente, en Cristo y María,

Luchi Botta María Lucía Botta Olaciregui


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