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María de Luján Blas de Ale


Quiero expresar en esta nota mi profundo agradecimiento a los sacerdotes de San Rafael y mi valoración por el Seminario Diocesano “Santa María Madre de Dios” en el que se forman los jóvenes para tan ardua tarea. ¿Alguno ha estado en San Rafael un Jueves Santo por la noche? En medio del feriado de Semana Santa uno pensaría que esta ciudad – pueblo dormiría en el más absoluto de los silencios… Sin embargo, años anteriores a este atípico 2020, sus calles se convertían en un hervidero de gente. Bandadas de bicicletas, caravanas de autos, grupos de a pie recorren siete de las iglesias de la ciudad haciendo la “Visita”. Parroquias, familias, grupos de amigos etc. se congregan para transitarlas. Porque San Rafael “tiene vida propia”, y esa vida transcurre por sus venas y se pone de manifiesto esa noche santa. Todas las parroquias de aquí tienen grupos juveniles, Cáritas, grupos de viejitas, y diversas instituciones que, cada una con su carisma, atiende a diversas necesidades de la gente. En esos grupos la presencia de los seminaristas del Seminario “Santa María Madre de Dios” representa una destacada ayuda a los sacerdotes que, a pesar de ser muchos, atienden a tantas demandas, que no dan más. Los he visto, visitando a mi familia, desplomarse agotados en una silla diciendo: “Gastarse y desgastarse por Cristo”. Estos chicos trabajan los fines de semana en las parroquias colaborando con las múltiples actividades que cada una tiene, a la vez que se entrenan en su tarea apostólica en el lugar donde luego llevarán a cabo su misión. ¿Cómo se realizará todo esto cuando el seminario no esté? Esta casa de formación cumple en esta ciudad un papel importantísimo tanto en lo religioso como en la social y cultural. Pero su influjo trasciende a San Rafael, ya que algunos sacerdotes allí ordenados están ahora en otros lugares del mundo. A los sacerdotes formados en este seminario los acusan de ser “tradicionalistas”, “curas de sotana”… Y yo les digo: Sí, son curas de sotana, pero de SOTANA ARREMANGADA. Los he visto arremangados, en una vieja bicicleta, recorriendo la ciudad. Arremangados en el hospital público, en plena pandemia, visitando enfermos y dando misa en su capilla llena de toses y lágrimas. Arremangados en los barrios más pobres, metiéndose en las zonas “más jodidas” al decir de sus habitantes, llevándoles bolsas de comida, consuelo y sobre todo, los sacramentos (alguna vez alguno se ligó una buena paliza allí). Arremangados atendiendo a los drogadictos y ayudándoles a liberarse de ese flagelo, conformando grupos de apoyo con profesionales y voluntarios para estudiar y tratar las adicciones. Arremangados visitando familias, ancianos solitarios, geriátricos… llevando consuelo en estos difíciles momentos a tantos espíritus asustados y enfermos: “Antes muertos que encerrados”, al decir del Papa Francisco. Arremangados en la lejana Cuba, metidos en el barro, en calles anegadas, para llegar a una vieja iglesia que ellos están restaurando…

Su tradicionalismo entronca con la historia de la Iglesia y no se oponen al Concilio Vaticano II. Nunca los hemos escuchado en sus sermones criticarlo, antes bien, muchas veces citan sus documentos y recomiendan su lectura. Tampoco hemos escuchado ningún comentario negativo hacia el Papa ni el obispo. Creo que los errores, que estoy segura que tendrán, pueden mejorarse a través del diálogo y la comprensión de todos. Los chicos que estudian en el seminario de San Rafael reciben una formación esmerada. También se atiende y se los cuida en todo sentido de una forma especial. Lo sé porque soy psicopedagoga y he dado clases en el seminario hace unos años. Los formadores suelen pedirme ayuda para atender a algún chico con problemas y lo he visto hacerlo también con psicólogos y otros profesionales. Con muchísima dedicación y respeto se han ocupado de esos estudiantes, y han acompañado a aquellos que, por algún motivo, no estaban en condiciones de continuar allí. Aquí todo se sabe, somos una ciudad chica… No existen en el seminario ni inmoralidades, ni malversación de fondos, ni tergiversaciones ideológicas… Los padres de los seminaristas están conformes y confiados con el trato y la formación que allí reciben sus hijos… ¿Adónde encontrarán un lugar así?... Por eso la gran pregunta que todos nos hacemos es: ¿POR QUÉ? ¿Vino alguien a inspeccionar el seminario y vio algo malo?… ¿Estuvo en nuestras parroquias y transitó nuestras calles?... Si todo está bien, y aún mucho mejor que en otras partes… ¿por qué nos lo quitan?... El domingo anterior al anuncio del cierre el padre dijo, al finalizar la misa, que estaban disponibles unos sobres para colocar una ayuda económica para el seminario. “Yo sé que estamos mal- dijo- pero creo que nosotros podemos ayudarlo”. Todo el mundo retiró su sobre con el propósito de contribuir, como tantas veces, con algo que creemos valioso y querido. Por eso estamos consternados y angustiados… No lo podemos creer… Por todo esto les suplicamos, con el alma en la mano, y humildad de hijos y hermanos: ¡No nos cierren “nuestro” Seminario! Atentamente:

María de Luján Blas de Ale

Psicopedagoga Madre de familia


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