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Mónica Fernández


Mi nombre es Mónica Fernández. Mi niñez y adolescencia transcurrieron en el paraje de “El Ceibo”. En ese entonces las familias no tenían un espacio físico -TEMPLO- donde practicar la fe. Así es que, como Católicos y con la colaboración de la directora de la escuela primaria y los sacerdotes que venían con las “Hermanas-Gabriela e Isabel”, participábamos de la celebración de la Santa Misa frente a una PEQUEÑA ERMITA que presencio el inicio de una comisión para la construcción de la “Capilla María Auxiliadora”.

Así fue que un día los vecinos recibieron una gran noticia…tenían que diagramar un mapa con los hogares del paraje, aunar esfuerzos físicos para recoger alimentos y organizar menús, pero lo más importante: rezar el santo rosario en familia porque pronto llegarían LOS SEMINARISTAS dando comienzo a LA MISIÓN, la primera de tantas que siguieron por GRACIA DE DIOS.

Y así comenzaron a escucharse los comentarios en el almacén, en la Sala o Centro de Salud, en todo el barrio: “Hoy vinieron a mi casa”, “Sí, mi nene ya está inscripto para el Catecismo de este año”, “Mi marido, luego del asado dijo que haría el cursillo”, etc, etc…la frutilla del postre siempre la ganaban los encuentros en la galería de la escuela, con los pequeños que festejaban recibir una estampita de algún santo entregada por estos jóvenes futuros sacerdotes que se estaban formando en nuestro Seminario Diocesano . ¡Cuánta algarabía!

Así fue que tras su paso ¡el camino quedaba abierto! Simplemente continuar con la CATEQUESIS para la concreción del Plan divino.-

Aquí pongo en letras el testimonio de esta comunidad, algunos hijos de inmigrantes, adultos mayores quienes agradecen haber podido recibir Su Primera Comunión; otros, como mi amado padre, ya en el Cielo, La Confirmación y otros, junto a sus hijos, fueron bendecidos con el sacramento del Matrimonio; sin olvidar tantos y tantos Bautismos.-

El Espíritu Santo condujo hasta nuestras vidas, aquellos Seminaristas colmados de entusiasmo y alegría, que no era otra cosa que EL AMOR A DIOS, ese amor que nos hacían llegar de la manera más sencilla, acorde a la gente simple y trabajadora de la finca.

¿Qué decir ante tantas Gracias recibidas? “GRACIAS DIOS MÍO”, porque a través de Nuestra Madre Celestial, los fieles más alejados del centro urbano, fuimos evangelizados por estos jóvenes seminaristas, muchos de ellos hoy sacerdotes, reflejo de una digna y sólida formación del Seminario Diocesano Santa María Madre de Dios.-

Gracias a este Seminario por todos los Sacerdotes que han pasado por esta zona…y que hoy como el Padre Juan y Ariel acompañan a los enfermos con la PALABRA Y LA EUCARISTÍA, asistiendo con la EXTREMA UNCIÓN a los moribundos.-

¡GRACIAS A TODOS LOS SEMINARISTAS Y SACERDOTES QUE FORMARON PARTE DE LAS MISIONES RURALES!

¡GRACIAS POR TRANSMITIR LA FE A GENTE SENCILLA Y TRABAJADORA DE LA FINCA! Así concluyo con una pregunta que surge de esta época tan difícil que vivimos como sociedad. ¿QUIÉN CONTINUARÁ ESTA ARDUA TAREA?

¡Continúo en oración junto a toda la comunidad para que siga latiendo el Corazón de Nuestro Señor en Nuestro Querido Seminario!


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