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José Armando Portal Pereira - Cuba


Estimados hermanos todos de la pequeña diócesis de san Rafael en el sur argentino; le escribe un postulante carmelita descalzo de la Habana, Cuba. Por medio de la presente quisiera dar mi testimonio personal sobre los sacerdotes formados en el Seminario Santa María Madre de Dios de esa diócesis, pues yo soy de un pequeño pueblo donde trabajan los sacerdotes argentinos de misión en Yaguajay y he conocido la penosa noticia del cierre del seminario diocesano

La vocación al ministerio sacerdotal es un don de Dios, que se lo da a algunos, para bien de su iglesia y para expandir el Reino. Esa vocación a la que me refiero la he visto con la determinada determinación de hacerla viva y eficaz en varios de los sacerdotes que han hecho y hacen vida en esta porción del pueblo cubano que es Yaguajay en la diócesis de Santa Clara, Cuba. En todos los que he conocido (alrededor de 20: Ramiro, Osvaldo, Alejandro Casado, Martin, Alejandro Ginert, Carlos Peteira, Jorge Gómez, Jorge Herrera, Mauricio, Eduardo, Camilo, Roberto y muchos otros que ahora no recuerdo) siempre he visto y experimentado el celo pastoral y el cuidado por las almas con la entrega generosa de trabajar por el pueblo de Dios que se le ha confiado con la celebración de los sacramentos especialmente el de la eucaristía, el rosario, la catequesis; además de la formación en todos los aspectos de la vida de cada familia que han acompañado o simplemente visitado en el trabajo misionero de cada día y de los que hemos colaborado con ellos en la misión cotidiana que generosamente llevan en todo el municipio yaguajayense. Además de saber soportar las contrariedades que implica trabajar en medio de un país con un sistema comunista que no apoya ninguna iniciativa y que además no solo es indiferente sino también busca la oportunidad para evitar que la iglesia pueda hacer el trabajo que por mandato divino ha recibido. Cada uno de estos buenos sacerdotes misioneros desde su limitación ha hecho lo que ha podido y es un bien y cuidado que han recibido evidentemente en la formación que han recibido.

Recuerdo mis inicios en la búsqueda vocacional, y en los padres de aquel momento encontré una mano amiga para iniciar ese largo proceso que se hace en Cuba. Con ellos me acompañe espiritualmente y me dieron testimonio eficaz sobre la vocación al ministerio sacerdotal y de ahí a la vida religiosa. Siempre hubo y hay un trabajo fuerte para sostener y acompañar mi vocación tanto en el ámbito espiritual como académico en vista al crecimiento personal hacia el centro de lo que es nuestra vocación como cristiano: Jesucristo.

En cada uno de ellos he visto un referente para perseverar en mi vocación pues me han demostrado que el seguimiento de Jesucristo implica como nos dice cada día la Santa Madre Teresa de Jesús:

- “poned los ojos en Él y todo se os hará poco”, - “el demonio tiene miedo de las almas decididas”, - “¿para qué es la vida y la salud, sino para perderla por tan gran Rey y Señor?”, - “pensé que podría hacer por Dios, y pensé que lo primero era seguir el llamamiento que su Majestad (el Señor) me había hecho a religión, guardando mi regla con la mayor perfección que pudiese”.

Mi mayor agradecimiento a la diócesis de San Rafael por haber enviado de misión a estos santos hombres de Dios que han venido a trabajar por el reino y anunciar la buena noticia de la salvación. Gracias a la buena disposición de los laicos por permitirme expresar mi testimonio y por la búsqueda del bien común de la diócesis. Agradezco también al seminario pues de él ha salido hombres de Dios que han tenido la recta intención de comunicar las gracias divinas que por sus manos cada cubano de Yaguajay tiene como bendición para el alma y para el cuerpo.

Sin más, gracias Santa Madre de Dios por cuidar de esta porción del pueblo de Dios que has bendecido con los sacerdotes de ese seminario que lleva este título y que sin dudas seguirás protegiendo. A ti encomendamos Virgen Madre el seminario y los seminaristas que allí buscan consagrar su vida a Dios. Elevo a Dios una súplica confiada en su misericordia y que sabrá hacer justicia en medio de este penoso acontecimiento para que por intercesión de nuestra buena Madre la Santísima Virgen María no se llegue a tal hecho del cierre de esa buena y estimada casa de formación. Gracias, “Solo DIOS basta”.

José Armando Portal Pereira


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