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Familia Quilodran



No todos tenemos la bendición y la Gracia de crecer en una familia católica que comprenda y viva la fe conforme a la voluntad de Dios. Por falta de formación no vivíamos conforme a esta Voluntad. No teníamos ni la menor idea de que un sacerdote podía visitar nuestra casa y sentarse a compartir la mesa con nosotros. Vivíamos en otra provincia, y Dios en su infinita Providencia nos trajo a Real del Padre, un pequeño pueblo de San Rafael, y de a poco fuimos acercándonos cada vez más a Dios. Fue así como hace 20 años nos visitó por primera vez un sacerdote en nuestra casa. Ese día fue inolvidable y fue el primero de muchos sacerdotes y seminaristas que nos visitaron, compartiendo nuestras alegrías y tristezas, nuestras risas y lágrimas. De ellos recibimos consuelo, afecto, consejo y dirección espiritual, pero sobre todo respeto. Recibir a un sacerdote es recibir al mismo Cristo, uno no se cansa de dar gracias a Dios por permitirnos esa gran bendición.

También tuvimos la dicha de visitar el seminario “Santa María Madre de Dios” en varias ocasiones, compartiendo Misas y almuerzos, ya que uno de los sacerdotes es padrino de uno de nuestros hijos. Ir al seminario era ir a compartir en familia, era recibir afecto incondicional y respeto, desde su rector hasta el seminarista más joven. El seminario se hizo parte de nuestra familia. Por distintos motivos nuestras familias se alejaron de nosotros, pero Dios nos dio la bendición de darnos una familia de sacerdotes y seminaristas. De cada uno de los sacerdotes que allí se ordenaron aprendimos a amar verdaderamente a Dios, aprendimos que Dios es primero y después los hombres, aprendimos el valor y gran don de la Sagrada Eucaristía, el amor de Dios y el amor a Dios. Aprendimos el valor de la amistad y el verdadero afecto. No se puede expresar el inmenso dolor y tristeza que sentimos al conocer la noticia de que lo quieren cerrar. Es un gran dolor en el alma. Una vez un gran sacerdote me dijo que las lágrimas de una madre nunca caen en vano y ahora cada lágrima derramada por defender a nuestro Señor Jesucristo, por defender lo más Sagrado tampoco caerán en vano. Rogamos a Dios y a María Santísima que bendiga y proteja, y les de la fortaleza que necesitan en este duro momento, a estos grandes sacerdotes y seminaristas. Cristo vence, Cristo Reina. Familia Quilodran.


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