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Familia De Rosa Ruiz


Malargüe, 14 de septiembre de 2020


“...por sus frutos los conoceréis…”


En el año 2015 nos unimos en matrimonio en la Catedral San Rafael Arcángel. Entre las innumerables bendiciones y gracias recibidas, tuvimos la oportunidad de viajar a Cuba y poder ver el inmenso apostolado que realizan nuestros Sacerdotes allí.


Llegados a tierras cubanas y a unos kilómetros del lugar de la Misión, fuimos conociendo diferentes personas quienes nos manifestaban conocer de la labor que estaban realizando estos “Sacerdotes Argentinos” en la isla. Compartimos también algunos momentos con un matrimonio proveniente de un pueblo muy cercano a Yaguajay (ciudad de la principal Parroquia a cargo) quienes de manera muy marcada nos manifestaron su gratitud y alegría por ellos. Las experiencias eran realmente gratificantes y poco a poco íbamos entendiendo todo lo que significa para el pueblo Cubano la Misión que lleva adelante la Diócesis de San Rafael en aquel país.


Luego de unos días de descanso viajamos a visitar y compartir con los Sacerdotes amigos que nos esperaban en su parroquia. Los días de alegría, hospitalidad y las experiencias vividas juntos a los tres Sacerdotes que por ese entonces estaban por la isla nos hicieron meditar acerca de la gracia de la que somos parte al pertenecer a nuestra Diócesis.


Instalados en la casa parroquial, fuimos conociendo a muchos feligreses quienes nos manifestaban su alegría por estos hombres de Dios que tanto bien estaban haciendo por la comunidad. Aquella Parroquia había recobrado vitalidad. Grupos de jóvenes, grupos de oración, restauración del Templo, misiones, procesiones (después de años sin poder hacerlas por las calles de la ciudad), visitas a familias y hasta las guitarreadas Cubanas con tinte Cuyano eran parte de lo que se había puesto en marcha con el arribo de la Misión. El pueblo había sido realmente marcado por esta nueva “visita” de Dios a través de nuestros Sacerdotes.


Al segundo día celebramos un bautismo en una capilla de las más hermosas que hemos conocido; pequeña y muy deteriorada por el tiempo, apostada entre árboles y con mucha vegetación a su alrededor.


Con toda la humildad y alegría que los caracteriza, quienes recibían el Sacramento junto a sus familiares festejaban y agradecían la presencia y la visita de su pastor.


Si bien podríamos seguir contando experiencias y testimonios, no queremos hacer de esto un relato monótono y personal. Dejamos para el final lo que más oportuno nos parece comentar y por lo que decidimos armar esta carta. En la casa parroquial pasaban el fin de semana dos jóvenes que estaban en un proceso de discernimiento de sus vocaciones. Una noche, terminada la cena salimos a caminar y recorrer las pintorescas calles de la ciudad. Entre charlas, empezamos a notar cierta emoción en las palabras cuando intentaban expresarnos lo que significaba para ellos la llegada de los curas argentinos y cómo el pueblo había sido bendecido con ello. La acción pastoral, la asistencia a las familias, el celo por la doctrina, la liturgia, etc.


Quisiéramos resumir este sentimiento del pueblo con palabras textuales que pudimos escuchar de parte de uno de ellos: “Hermanos, para ustedes tener estos Sacerdotes es algo habitual y tienen a muchos de ellos. Para nosotros tenerlos aquí es un regalo de Dios. Por favor, que nunca se vayan ya que quedaremos nuevamente huérfanos. Ustedes que los tienen a todos allá, no se imaginan el tesoro que poseen”.


Pasado 5 años y con la situación que hoy nos atraviesa, se nos hicieron más patentes los recuerdos y cada palabra, gesto, y acción de gratitud que el pueblo Cubano tiene para cada uno de los Sacerdotes que han misionado allá, y que en definitiva es para nuestro cuerpo Sacerdotal.


Todos distintos, con sus estilos, fortalezas y carismas; pero todos con algo en común: la Doctrina, la Fe íntegra, la alegría y los amores marcados a Cristo, a María y a la Eucaristía. Ese factor común se explica con lo que cada uno ha recibido desde el primer día de su formación. Por esto, es que todo lo que quisimos expresar tiene como destino último la fuente en donde se forman nuestros Sacerdotes; el Seminario Diocesano Santa María Madre de Dios.


Gracias de corazón a todos nuestros Sacerdotes, gracias a nuestro Seminario, gracias a nuestro Señor y a su Santísima Madre por las gracias recibidas. Seguimos rezando para que nuestro Seminario siga dando frutos y Sacerdotes Santos.


Familia De Rosa Ruiz.


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